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Mi segundo parto: natural, en el suelo del paritorio

parto natural

Preparación a un parto natural

Cuando por las redes me preguntaron sobre mi reciente segundo parto, el parto de Enya, dije que para comprender algunas cosas era necesario saber cómo había ido el primero, así que si estás aquí de nuevas, te recomiendo que vayas y le eches un vistazo al post que escribí sobre mi primer parto.

Si mi primer parto me transformó, el segundo me reconectó con lo más mamífero y primitivo de mi ser, con la Tierra y el Universo, toda una experiencia mística. Como ya imaginarás, soy partidaria del parto natural (aunque lógicamente existen casos en los que no se puede porque surgen complicaciones). Tenía muy claro que no quería intervenciones innecesarias ni anestesia de ningún tipo, deseaba sentir cada contracción y ayudar a mi bebé con movimientos y con mis propias sensaciones.

Por eso, en este parto quería poder confiar plenamente en el personal que me atendería, así que desde el principio del embarazo contacté con Mujeres Sabias. Tenía muy buenas referencias de Gemma (@mujeressabias.matronas), una matrona excepcional y fiel defensora del parto natural. Durante el embarazo nos vimos varias veces y tanto ella como yo teníamos muy claro cuáles eran mis preferencias y me dio mucha confianza. La ginecóloga con la que trabajaba Gemma, Mónica (de @clinicaparccentral) también me dio muy buena sensación, así que en ese sentido iba muy tranquila.

Contra todo pronóstico llegué a la semana 41, y es que llevaba casi 2 semanas con pródromos de parto. Me había mantenido muy activa todo el embarazo, y a pesar del confinamiento había seguido con mis ejercicios y haciendo yoga y meditación todos los días. El pequeño problema era que, como entonces su hermana, Enya no estaba bien colocada pues miraba hacia delante en lugar de mirar hacia atrás, lo cual no es la posición más favorable de cara al parto.

A las puertas de la inducción

No quería llegar a la inducción, así que no imaginas la de ejercicios y posturas extrañas que hice durante esos días. Ese miércoles Gemma me propuso inducción para el viernes si la cosa no se animaba, y además decidimos, como última opción probar con la maniobra de Hamilton el jueves si durante ese día no me ponía de parto sola. Por si no la conoces, con esa maniobra separan con los dedos la bolsa de las paredes del útero, con la intención de que produzcas prostaglandinas necesarias para que inicie la labor de parto.

Llegó el jueves, estaba de 41+4 y mi parto no arrancaba, así que fui a la consulta de Gemma para que me practicara la Hamilton y me pusiera de nuevo las agujas (acupuntura). Estaba ya dilatada de 3cm así que todo pintaba que la maniobra sería favorable. Me resultó bastante molesta, cosa normal a esas alturas. Así que volví a casa con la esperanza de no llegar a la inducción al día siguiente. La cosa es que cuando salí de la consulta, sobre las 13:00h, ya me notaba extraña y supe que había funcionado.

Estoy de parto

De vuelta a casa ya me noté alguna contracción diferente que me hizo recordar el parto de Nadia, pero decidí ser prudente y esperar a ver si eran constantes. Ya en casa empecé a controlarlas, porque tenía claro que eran de parto, no muy dolorosas pero la sensación era como más envolvente. Sobre las 14:30h las estaba teniendo cada 5 minutos aproximadamente y escribí a la matrona para informarle, pero que esperaría un poco más en casa. También avisé a mi chico para que fuera viniendo del trabajo y trajera a su madre, que era quien se quedaría en casa con Nadia.

Entre contracción y contracción hice la comida mientras Nadia jugaba. Las llevaba muy bien, así que estaba tranquila y sobre todo muy feliz. Después de comer me fui con Nadia a la habitación para darle teti por última vez como hija única y abrazarme a ella todo lo que me dejaran las contracciones, ya que eran algo más intensas y frecuentes. De ese momento sólo recuerdo las ganas de llevarme a Nadia conmigo al hospital y no tenerla que dejar…

Notaba que se acercaba el momento así que me metí en la ducha y me puse ropa límpia. Notaba a Enya moverse como de costumbre, así que todo iba bien. Eran las 17:45h, y avisé a Gemma para que ella también fuera hacia el hospital. Las contracciones, aun siendo intensas, las llevaba bien, pero eran cada 2 o 3 minutos. Le dí un largo abrazo a la que pronto se convertiría en hermana mayor. Le dije que Enya iba a nacer ya, y que cuando volviera a casa volvería con la bebé. Ella se quedó contenta, pero yo me fui rota en lágrimas, supongo que la revolución hormonal también tendría que ver.

Llegada al hospital

Sobre las 18:30h llegaba al hospital. Gemma ya estaba allí esperándonos y, tras pasar por recepción, nos acompañó hasta el paritorio. No era como estar en casa pero la luz era tenue y ambiente cálido, así que me sentí cómoda. Aunque quien marca la diferencia en este caso sin duda es la gran profesional que me acompañaba y la confianza plena que yo tenía en ella. Pude quedarme con mi ropa y no me puso vía (realmente esto no hace falta). Sólo me puso monitores para ver qué tal soportaba las contracciones Enya.

Yo estaba muy feliz de que por fin hubiera llegado la hora y de estar ya allí, sintiendo cada oleada, bailándola, dejándome llevar… Al poco me preguntó si quería un tacto a ver cómo iba. Estaba de 6 o 7 cm pero la bebé estaba aún muy alta y no se había girado aún. así que me propuso posturas para ver si conseguíamos que mirase hacia atrás. Primero tumbada en la cama de lado con una pierna hacia delante (las contracciones tumbada se llevaban peor, pero sabía que había que intentarlo), después del otro lado. Al rato, ya de pie, agarrándome de la cama en cuclillas en cada contracción, notaba como Enya quería bajar, pero no lo conseguíamos…

Y allí estuvimos probando un sinfín de posturas, mientras que las contracciones iban y venían cada 2 minutos. Eran intensas pero lograba recuperar entre ellas. Concentrándome en abrir la pelvis dentro de la contracción mientras me agachaba, las llevaba mejor, me relajaba. “El cuerpo es sabio, confía”, me decía a mi misma.

Rotura de bolsa

Y seguí con ese baile, en es ir y venir, frente a la mirada atenta de mi chico, con mi música de fondo y la presencia discreta de Gemma. Me notaba fuerte, sentía que podía, así que seguí. Seguí hasta las 21:00h, cuando llegó Mónica, la ginecóloga. Me propusieron entonces romper la bolsa para ver si la bebé conseguía encajar la cabeza, ya que seguía estando muy alta, así que accedí.

El agua era límpia, así que genial, estaba más tranquila. La primera contracción tras la rotura fue algo más fuerte, pero fue en la segunda en la que me dí cuenta de que el momento difícil había llegado. Seguí probando posturas durante varias contracciones. Mi cabeza se iba en cada una de ellas, viajaba hacia dentro de mis entrañas, al “planeta parto” le llaman, aunque recuerdo llegar a bromear entre contracción y contracción. Recuerdo que sonaba la banda sonora de Jurassic Park y bromearon con ponerla cuando estuviera saliendo Enya como final apoteósico. Vi las lianas y me apeteció agarrarme mientras mi chico las sujetaba. Y de repente, ahí estaba esa sensación, Enya estaba colocada, estaba presionando, y yo noté unas ganas incontenibles de empujar.

El expulsivo

Me preguntaron cómo quería colocarme, yo quería quedarme justo allí, y me arrodillé en el suelo y apoyada sobre mi chico. Trajeron más empapadores y almohadas para que no me hiciera daño en las rodillas.

Y ahí venía, junto con la contracción esa presión. Mi cuerpo lo estaba haciendo solo de nuevo, como con Nadia, empujaba sólo mientras yo me dejaba llevar por esa sensación y acompañaba a mi cuerpo y a mi bebé. El momento intenso del parto sin duda. Recuerdo que en ese momento pensé “bufff, qué difícil va a ser esto…”, y grité fuerte, como un sonido gutural más bien. Mónica y Gemma estaban cerca, apoyándome, diciéndome que pasaba en cada momento, cómo iba saliendo la cabecita. Mi chico abrazándome y yo agarrándome de sus piernas fuerte. “Ahora vas a sentir el aro de fuego” decía Gemma. Y vaya si lo sentí, pero sólo uno segundos, porque tras eso salió la cabeza, y en la siguiente contracción el resto del cuerpo. Gemma la cogió y me la entregó por debajo de las piernas. Abracé fuerte a mi bebé y me enamoré nuevamente. Lloró poquito, como su hermana, pero estaba bien, Enya llegó al mundo haciendo poco ruido pero para hacerlo más bonito sin duda.

Sensaciones

Qué revolución hormonal! Lo había hecho otra vez, pero esta vez había sido absolutamente maravilloso, no podía creer que en sólo media hora (lo que pasó desde la rotura de bolsa) hubiera pasado de no progresar mucho a nacer. Y todo gracias a sentirme apoyada, a sentir que confiaban en mí, a tener a mi lado a mi pareja y a dos mujeres que aman su trabajo y que tienen una visión del parto tan respetuosa. Estoy segura que sin ellas las cosas hubieran salido de otra manera. Porque si leísteis mi post sobre el parto de Nadia se parece mucho, la gran diferencia son las profesionales que me acompañaban, y eso lo cambió todo.

La pediatra que entró en ningún momento cogió a la niña, la valoró desde mis brazos. El cordón no se pinzó hasta que dejó de latir (aun siendo muy corto y no poder acercarme mucho a la niña a la cara) , y lo cortó mi chico. Cuando alumbré la placenta Gemma me la enseñó, tratándola con sumo cuidado con un respeto profundo hacia ese órgano que había servido tantos meses a mi bebé. En reels de Instagram (@nat_noctambulando) tenéis un vídeo de la impresión sobre papel que me hizo, un regalazo más. Volvería a parir así sin duda, sin sensación de dolor, sin sufrimiento, sólo dejándome llevar. Un regalo de la vida, lo más mamífero, salvaje y amoroso.

Y si has llegado hasta el final, mil gracias y un abrazo enorme. Y si estás embarazada y necesitabas leer algo así, espero haberte ayudado y dado la confianza para afrontar tu parto desde esa perspectiva. Porque créeme, sí se puede.

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Aceite para curar el Herpes Labial

remedio casero herpes

¿Qué es el herpes labial?

En el post de hoy os voy a compartir algo muy útil que ojalá hubiera tenido a mi disposición años atrás, un aceite casero para curar el herpes labial. Y es que si os pasa como a mi, cada cierto tiempo sufro un herpes labial, también conocido como calentura, súper molesto. El herpes labial no es más que una pequeña infección recurrente en la zona del labio, y en muchas ocasiones nos avisa de que nuestras defensas no están en su mejor momento.

remedio natural herpes

Hay cremas de venta en farmacias que nos ayudan a solucionarlo, el problema es que se desaconseja su uso durante el embarazo al tratarse de un antiviral potente. La última vez que me salió yo estaba embarazada, y es lo que me llevó a compartir con vosotros esta receta.

La receta del aceite para curar el herpes labial

Vamos a usar un aceite base y añadir una sinergia de aceites esenciales, todos inocuos tanto para embarazadas como para niños. Eso sí, no excedáis las cantidades de los mismos.

Aquí os dejo el vídeo con la receta. Además también le he dedicado unos minutos a explicaros los usos que tienen aceite por aceite, para que así, si tenéis que adquirirlos, los podáis seguir aprovechando en más situaciones.

En la cajita de información de Youtube tenéis los links tanto al artículo sobre la lavanda como a los aceites esenciales utilizados, pero para facilitaros el acceso os los dejo también por aquí:

Artículo sobre la LAVANDA aquí

Aceite Lavanda: https://amzn.to/35tdADT

Aceite Ravintsara: https://amzn.to/37QHCV5

Oleato de caléndula: https://amzn.to/3oqJKZd

Aceite Árbol de Té: https://amzn.to/2G0a4bs

Espero que os haya resultado útil, y ya sabéis, si tenéis cualquier pregunta, no dudéis en contactar conmigo, bien por correo o bien dejando la consulta en comentarios, y os responderé tan pronto me sea posible.

No olvidéis de suscribiros al canal, es gratis y a mi me ayudáis un montón a seguir creando contenido. Y si no os queréis perder nada, seguidme en Instagram, estaré encantada de veros por allí.

Un abrazo!

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Mi primer parto: vaginal, sin epidural, instrumentalizado

Era un martes de marzo, frío y nublado, y estaba de 41+1 semanas. Yo por fin había conseguido que mi madre entendiera que me vendría bien caminar para ponerme de parto. Para quien no me siga en Instagram, dos semanas antes me había resbalado en la calle y me había fracturado el brazo a la altura de la muñeca (el radio) y mi madre, que estaba aquí en Valencia pasando el mes para esperar el gran día, era algo reticente a que saliera a caminar por miedo a una nueva caída (ya sería mucha mala suerte…).

Salimos a caminar con los dos perros y llegando a casa, sobre las 13.00 empecé a notarme unas contracciones muy rítmicas cada 5 minutos y diferentes a las de las últimas semanas, como más envolventes. También he de decir que llevaba por lo menos una semana de pródromos. Al ver que seguían y subían un poco en intensidad sobre las 14.30 avisé a mi marido, que estaba a punto de salir del trabajo, para decirle que por la tarde ya no volvería a trabajar, que esta vez parecía que la fiesta había empezado. Y así era.

Me puse música (había creado una playlist para la ocasión) y estuve haciendo movimientos en la pelota de pilates mientras las contracciones iban y venían. Tenían cierta intensidad pero las llevaba muy bien y yo me sentía muy relajada.

Llegó mi marido, comimos tranquilamente y sobre las 16.30 decidí darme una ducha para estar preparada. Pero las contracciones se hicieron algo más seguidas, ya las tenía cada 3-4 minutos. Teníamos cierta inseguridad de no saber en qué punto estaba, pues, aunque estaba bastante tranquila, las contracciones aumentaban en frecuencia e intensidad, así que decidimos ir hacia el hospital.

Al llegar, primero me hicieron entrar a mi sola para ponerme monitores y comprobar las contracciones. Me los puso una mujer de mediana edad, de la que deduzco que era auxiliar, porque no se presentó y casi no me miró ni a la cara, así que no me los puso de muy buenas maneras. Estuve unos 15 minutos allí sola, me dieron varias contracciones, hasta que vino la ginecóloga. Para mi “suerte” era la misma que me había hecho dos ecografías de seguimiento durante el embarazo, y que no destacaba precisamente por su simpatía y tacto a la hora de comunicarse, de hecho era bastante brusca y cortante. Así que ya podéis imaginar cómo pintaba aquello para mí… Al asomarse se dio cuenta de que las correas no estaban bien puestas y no estaban registrando las contracciones, así que las recolocó y enseguida empezaron a aparecer. Después decidió llamar a mi marido y pasarme a la consulta para hacerme una exploración.

En la consulta había tres personas más, todos estudiantes. La ginecóloga me dijo que sería uno de ellos quien me haría la exploración, que me relajase, porque si me lo hacía ella me iba a doler más… ¿perdona? Hasta donde yo sé un tacto no tiene por qué doler… El estudiante no me hizo daño, todo sea dicho. En la ecografía la niña salía en posterior, cosa que no me explicaron en ningún momento, pero entendí que no era la mejor postura para nacer.

de parto

Hechas las comprobaciones me hicieron pasar a paritorio ya que estaba en trabajo de parto dilatada ya de unos 6 cm, lo cual supuso una muy buena noticia para mí. “Ya sólo me quedan 4 cm más” pensé yo. Así que a las 18.00 de la tarde ingresaba.

Me tocó una matrona joven y muy cariñosa, Nieves. Me preguntó si quería que llamase al anestesista para ponerme la epidural pero mi deseo era parir sin anestesia si era capaz de aguantarlo. Ella fue muy comprensiva conmigo y me ofreció otros métodos de control del dolor como el óxido nitroso y calor en la zona lumbar. Pero de momento decidí probar sólo con la pelota, ya que en casa me había estado funcionando bien. También me puso la vía. Le pregunté si era necesario aún sin precisar epidural, ya que quería tener mi única mano libre sin una aguja atravesándola, pero me dijo que era protocolo del hospital y tenía que ponérmela.

Dos horas después, sobre las 20.00 las contracciones eran muy intensas y yo estaba bastante incómoda. El estar monitorizada constantemente con unos cables muy cortos me estaba coartando la capacidad de movimiento, y el brazo izquierdo inservible a causa de la escayola tampoco me ayudaba mucho. Vino entonces Nieves y me propuso hacer un tacto para comprobar la progresión…

 8cm. “¿Aún 8?” pensé yo. Y es que el no saber a lo que me enfrentaba, el cansancio y el notar que en cada contracción me tensionaba cuando yo sabía que tenía que conseguir lo contrario me estaba haciendo flaquear las fuerzas y la inseguridad me estaba ganando la batalla. Aún así decidí continuar e intentar adoptar otras posturas, aunque me sentía con muy poca libertad de movimientos.

No sé cómo aguanté así casi dos horas más. Creo que en ese punto yo ya no era muy consciente del tiempo, estaba en planeta parto totalmente. Entró no recuerdo si la matrona o la ginecóloga y me hicieron otro tacto. A todo esto, la bolsa intacta aún. Para mi desgracia no había progresado nada en las últimas dos horas y seguía en los 8 cm. Ahí mis ánimos cayeron al suelo y me pregunté cómo iba a soportar más tiempo con esos dolores…

Fue entonces cuando entraron 3 ginecólogos (la ginecóloga “simpática” en cuestión y dos más que creo que eran residentes) y empezaron a darme motivos e intentar “convencerme” para ponerme la epidural. También entró otra matrona, una mujer más mayor (y más de la vieja escuela por lo visto), y comenzó a cuestionar mi decisión sobre la epidural, diciendo que qué manía nos había entrado ahora a algunas con no ponernos la epidural… En fin, no podéis imaginar cómo me hicieron sentir en un momento tan delicado, en el que una parte de mi mente estaba en otro mundo y la otra luchaba por tomar una decisión fríamente ante aquella circunstancia.

De lo que sí era muy consciente era de cómo se tensionaba mi cuerpo a pesar de mis esfuerzos por evitarlo ante cada contracción. Sabía muy bien que me estaba resultando contraproducente. Me daba mucha pena no tener a unos profesionales a mi lado que me animaran y explicaran en qué punto del proceso me encontraba (y no me refiero sólo a los centímetros), que no me aconsejaran sobre qué posturas adoptar para favorecer la progresión de la bebé hacia el canal de parto… Así que muy a mi pesar, sobre las 22.30 acepté la epidural.

La anestesista tardó apenas unos minutos en venir e hicieron salir a mi marido. Dentro se quedó conmigo la matrona no tan simpática que me dijo cómo debía sentarme en la camilla y me sujetó por delante mientras la anestesista preparaba mi espalda. Lo que pasó después lo recuerdo con algunas lagunas. Con esa postura las contracciones eran muy duras y no tenía apenas 1 minuto para recuperarme entre ellas. Recuerdo que tuvo que detenerse varias veces porque tenía contracción. Un primer pinchazo, la anestesia de la anestesia… Se me movió repentinamente la pierna derecha sola y la anestesista me advirtió que no me moviera, pero no pude hacer nada, fue totalmente involuntario, como si me hubiera tocado algún nervio. En todo aquel momentazo rompí aguas… Llegó el momento de la verdad, me volvió advertir de que no debía moverme, yo súper concentrada para que así fuera, y al pinchar nuevamente me moví de forma totalmente involuntaria, o no, ya no lo sé. Recuerdo oir a la anestesista maldecir y yo pedirle perdón varias veces… Me dijo que ya no me podía poner la epidural porque no podía volver a pinchar y se fue. No me dieron más explicación.

Entró mi marido de nuevo. La ginecóloga también acompañada de uno de los residentes y me pidieron que me tumbara de lado porque necesitaban monitorizar a la niña desde dentro. Nuevamente no me dieron más explicación y yo ya estaba en otro mundo para pedirla. En esa nueva postura las contracciones eran fuertísimas y la presión en la zona del coxis muy intensa, tanto que me hacía gritar (más bien eran un rugir). Afortunadamente en ese momento entró la primera matrona, Nieves, quien se dio cuenta enseguida de lo que me sucedía mientras la ginecóloga intentaba pinchar a mi hija en la cabeza para monitorizarla por dentro (siento que esto suene tan bruto, pero es que realmente es así y es una práctica que está justificada en muy pocos casos). Entonces Nieves me preguntó: “Tienes ganas de empujar, ¿verdad?” Claro, para mí la sensación era totalmente nueva pero tras esa pregunta lo entendí, era eso, era la sensación de pujo, así que asentí con la cabeza y de repente noté como era mi cuerpo por sí mismo el que empujaba, sin siquiera poner yo intención, lo hacía solo!

Al ver el panorama la ginecóloga y la residente por fin cesaron de su tarea y me dijeron “vale, pues empuja”. Notaba cómo el empujar aliviaba la contracción y ahí lo entendí todo. El cuerpo humano es maravilloso. En cada pujo los rugidos se intensificaban, hasta que vino la otra matrona y me soltó un “amable”: “Pero no grites tanto y empuja!”. No lo recuerdo muy bien, pero creo que no le hice mucho caso, sólo pedí que me incorporaran porque tumbada no podía bien. Así que me elevaron la camilla hasta quedarme sentada.

Tras 3 o 4 pujos uno de los residentes (para aquel momento ya estaba el paritorio lleno de gente si contamos 3 ginecólogos, 2 matronas, 3 pediatras y alguno que me salto seguro), me dijo que tenían que ayudarme. Yo lógicamente ya no estaba en situación de pedir más información. Esa ayuda significó episiotomía y ventosas para ayudar a la niña a salir. En ese momento la ginecóloga puso su brazo sobre mi barriga y con todo su peso hizo fuerza, lo cual yo reconocí enseguida como maniobra de Kristeller, totalmente desaconsejada por autoridades sanitarias, y ante aquella situación la aparté como pude con el brazo (no me salían ni las palabras), hasta que ella pareció entender que no quería aquello y desistió.

recién nacida

Con un pujo más mi bebita salió, primero la cabeza, y con el siguiente el resto del cuerpo, y me la pusieron sobre el pecho rápidamente. Qué gran momento notarla por fin sobre mí, calentita, con los ojos muy abiertos. Sólo lloró un poquito pero estaba bien y era lo más precioso que había vivido en mi vida… ¡bendita oxitocina! La cogieron enseguida para hacerle las comprobaciones oportunas, ahí lloró muchísimo, pero en pocos minutos la tuve otra vez conmigo para ya no separarnos más. Mi dulce Nadia ya estaba con nosotros, en brazos de mamá. Y ese día nacimos las dos, nació Nadia y nació una nueva yo, y ya nunca volví a ser la misma.

Y el resto del relato ya no es más que el alumbramiento de la placenta, los puntos pertinentes y el inicio de una lactancia materna que dura hasta hoy día, 2 años y medio después.

Así que comprenderéis después de leer esto que hayan sentimientos contradictorios con respecto a mi primer parto. Por un lado tuve un parto sin anestesia que era lo que yo quería desde un principio, que me llevé el pinchazo? Sí, pero quien sabe, quizás capricho del destino, la epidural no era para mí. Eso sí, ese pinchazo mal pinchado me provocó unos dolores de cabeza terribles los 10 días siguientes que me anulaban como persona, sólo podía estar en posición horizontal para evitar esa horrible presión en mi cerebro.

Por otro lado, quedé decepcionada de ver que ni tan sólo había leído mi plan de parto, que el único apoyo profesional que encontré fue el de la primera matrona pero que por alguna razón estuvo de forma intermitente. Hablar de determinada forma a una mujer que está de parto no debería estar permitido y no es en absoluto lo que se espera de un profesional sanitario que se dedica precisamente a atender partos. También hubo mucha falta de información, así que nunca sabré si la episiotomía fue necesaria, la utilización de la ventosa, el intento de monitorización interna sin evidencia de posible sufrimiento fetal, y ya ni hablamos de la maniobra de Kristeller, que me provocó unos dolores en las costillas durante varios días.

postparto

Pero  ¿sabéis qué? Al final me quedo con lo bueno, Nadia nació perfecta (sólo un pequeño hematoma a causa de la ventosa), y yo, salvo la instrumentalización, tuve el parto natural que deseaba y haber tenido la oportunidad de vivir cada sensación del parto.

El postparto ya es otro tema. Os podéis imaginar que con un brazo roto, los dolores terribles de cabeza y los puntos no fue fácil para una primeriza como yo, así que si os interesa lo dejamos para otro post. También otro día os puedo hablar de por qué creo que es mejor, por lo menos para mí, parir sin epidural y cómo me preparé, pero este mejor después de mi segundo parto.

Y para finalizar este post larguísimo, sólo decir que no hay madres mejores o peores por la forma de parir, pero sí que es vital que se nos respete en cada decisión. Los profesionales están para asegurar que no corremos peligro y para actuar en caso de urgencia, y no para que demos a luz atendiendo a su comodidad y en muchas ocasiones falta total de empatía y de actualización. Y no me malinterpretéis por favor, no es mi intención generalizar, también por experiencia sé que hay profesionales maravillosos, pero por desgracia no siempre te los encuentras.

Si has llegado hasta aquí, gracias y espero que te haya gustado y/o ayudado este relato. Por supuesto, si quieres saber algo más o te puedo ayudar de alguna otra manera, aquí estoy.

Un abrazo!

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Cómo hacer Granola casera saludable

granola casera

Ya tenía ganas de poderos publicar esta receta que por Instagram me habéis pedido en varias ocasiones. La cuestión es que la tenía grabada desde hace ya algunos meses pero entre que tenía otros vídeos que publicar primero y que me he pasado un par de semanas sin mi portátil porque la placa base decidió abandonarme para siempre pues no he podido. Pero por fin ya está aquí la receta de la granola casera saludable que os prometí.

Necesitamos muy pocos ingredientes y es fácilmente adaptable a lo que tengáis por casa. Lo único que tenéis que tener en cuenta es que lleva una base de avena, frutos secos y un endulzante (cuanto más natural mejor).

Aquí abajo os dejo el vídeo para que veáis la receta:

Yo creo que lo mejor de esta receta de granola casera saludable es que tiene muchas posibilidades, ya que nos puede salvar desde un desayuno o merienda hasta podérnoslo llevar a modo de snack al trabajo, parque, etc. Además, como os comento en el vídeo, si machacáis convenientemente los frutos secos los niños pequeños también se lo podrán comer sin ningún tipo de peligro, añadido a que le estaréis sumando a su dieta mucha energía saludable.

recetas para niños

No sé a vosotros pero a mi este tipo de recetas sanas me encantan por lo ricas y completas que son. Espero que os animéis a hacerla y que os guste mucho. Si es así contádmelo!!

Y no olvidéis suscribiros a mi canal aquí y seguirme en Instagram para no perderos los tutoriales y recetas que voy subiendo, ya que es por ahí por dónde os voy informando.

Y si os gustan este tipo de recetas os animo a visitar el resto de la sección de recetas del blog.

Un abrazo!!!!!

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Receta de Tortitas de Plátano saludables

Tortitas de platano

Hacía ya tiempo que no os compartía una receta de esas ricas y saludables. Así que hoy os propongo una bien fácil para que aprovechéis y la disfrutéis este fin de semana, la receta de tortitas de plátano saludables.

Tortitas de platano

Váis a ver que con sólo 3 ingredientes podemos cocinar algo muy apetitoso y que además se hace muy pero que muy rápido. Y si además es sano porque sólo lleva ingredientes naturales ya no se puede pedir más. En definitiva, nos vamos a marcar un postre libre de azúcares refinados y de ingredientes dañinos para salud.

Y esto es lo bueno, porque además se lo podéis ofrecer sin problemas a los peques, incluso si estáis haciendo BLW, eso sí, a los más pequeños no les pongáis miel, sobre todo si son menores de 2 años (por el tema del botulismo). Y en cuanto a los frutos secos, debo insistir, bien machacados para evitar sustos.

En fin, vamos ya a la receta. Aquí abajo os dejo los ingredientes y el vídeo de la receta:

INGREDIENTES

  • 2 huevos (a poder ser ecológicos)
  • 2 plátanos medianos maduros (o 1 y medio si son grandes)
  • 1/3 de taza de harina integral de trigo (o la harina que prefiráis)

Para acompañar las tortitas de plátano (opcional)

  • Sirope de ágave (o sirope de arce, o miel…)
  • Frutos secos (avellanas, nueces, almendras…)

RECETA TORTITAS

-Ya me contaréis si os habéis podido resistir a hacer estas ricas tortitas de plátano porque con lo fáciles y rápidas que son no tenéis excusa!!!! Eso sí, os aviso de que cuando las probéis las querréis hacer todos los días!!!

Si os ha gustado, compartid la receta, así me ayudáis a que me vea más gente y así poder seguir haciendo más vídeos.

Y por último, si no estáis suscritos a mi canal de youtube, suscribíos para no perderos nada, y si aún no me seguís en Instagram, lo mismo os digo! Sobre todo porque es por instagram por donde podemos tener más interacción y es por ahí por dónde recibo peticiones de este tipo de contenido. En Stories suelo subir mucho contenido en cuanto a recetas sanas y más.

Y no olvidéis que en la sección Recetas, tenéis algunas recetas sanas más!

Un abrazo!!!!

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Albóndigas de tofu y calabacín

albóndigas de tofu y calabacín

Hoy os traigo una receta muy sencilla y rápida (como todas hasta ahora) y que a mi personalmente me encanta, es una receta vegana pero que puede saborear cualquiera: unas albóndigas de tofu y calabacín.

Son aptas para peques si estáis haciendo BLW o para peques un poco más grandes, vamos, que vais a poder comer toda la família.

Si no sois veganos o vegetarianos no le tengáis miedo al tofu, porque parece que es un producto exclusivo para gente que no come carne. Si bien es cierto que es un sustituto perfecto por su cantidad de proteínas, también tiene muchas más propiedades nutritivas. Por ejemplo, es una fuente rica en calcio y en hierro, tanto que una ración cubre un tercio de las necesidades diarias. Pero no me extiendo mucho más, si os interesa otro día os hago un post sobre el tofu.

Aquí abajo os dejo el vídeo para que vayáis a la receta:

Ya habéis visto que con sólo 3 ingredientes os quedan unas albóndigas riquísimas y con muchas posibilidades. ¿Cómo las váis a preparar vosotros? Contádmelo en comentarios!

Y si queréis subir la foto de las albóndigas de tofu y calabacín una vez las hayáis hecho, ya sabéis que podéis etiquetarme (@nat_sparkles_) para que os vea!

Si os interesa ver más recetas con tofu id a este post!

Muchas gracias por estar ahí. Nos vemos pronto!

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Receta hamburguesas de brócoli rápidas

Varios de los que me seguís por Instagram y habéis seguido un poco el proceso de introducción de alimentos sólidos a mi hija desde los 6 meses (hoy tiene 16 meses), me habéis pedido algunas de las recetas, como la del tofu del post anterior (pincha aquí para ir a verla!).

Hoy comparto con vosotros una de las recetas que más me habéis pedido, las hamburguesas de brócoli. Supongo que será por la mala fama que tiene el brócoli entre los paladares infantiles, y no tan infantiles, todo sea dicho. Yo misma he conseguido que mi marido, que llevaba años odiándolo, se lo coma y además disfrute de ello. Por supuesto, a la peque también le encantan.

Receta de las hamburguesas de brócoli

En el siguiente vídeo os dejo el paso a paso para que preparéis estas exquisitas hamburguesas. ¿Y sabéis lo mejor de todo? Sólo necesitáis 3 ingredientes: brócoli, huevo y pan rallado.

No sería apta para veganos per sí para ovolactovegetarianos. Y en cuanto a los peques, cada uno sabéis en qué momento de la AC os encontráis, así que si los vuestros ya han probado el huevo y no han tenido ninguna reacción alérgica se lo podríais ofrecer sin ningún problema a partir de los 6 meses.

hamburguesas vegetales para niños

Propiedades del brócoli

El brócoli es una de las verduras más rica tanto en vitaminas como en minerales. Es una buena fuente de vitamina C, ya que con tan sólo 100 gramos de este alimento cubrimos y más de la cantidad diaria recomendada de esta vitamina para un adulto, al igual que de ácido fólico.

Otras vitaminas que se encuentran presentes son la B1, B2 y B6. Asímismo es rico en calcio, potasio, hierro, fósforo, yodo, zinc, cobre y manganeso.

Existen estudios que han demostrado las propiedades cancerígenas que posee este alimento, así como lo beneficioso que es para prevenir la anemia. También se aconseja durante la menopausia, ya que contiene fitoestrógenos que pueden ayudar a paliar los síntomas. Igualmente ayuda a depurar el organismo por su acción hepática compleja.

Hamburguesas de brocoli

¿No me diréis que con esta cantidad de beneficios no pondríais esta verdura en vuestra mesa todos los días?

Deseando estoy que me digáis qué os han parecido y si se van a convertir en un básico en vuestras casas.

Un abrazo fuerte!

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Receta de Tofu empanado marinado en salsa de soja

El post de hoy no es ni un tutorial ni os hablo de ninguna terapia ni remedio natural en sí mismo. Hoy os traigo una receta de tofu empanado marinado en salsa de soja. Muchas de las que me seguís por Instagram y véis los platos que preparo a raíz de empezar con el BLW con mi peque, me habéis preguntado en varias ocasiones por las recetas.

Os comento en el vídeo que algunas las saco del libro Baby-Led Weaning de Begoña Prats. Si no lo tenéis os lo recomiendo y os dejo el enlace a continuación.

Pero con el tiempo he aprendido a improvisar y la mayoría de recetas las invento sobre la marcha, como la receta de hoy.

El tofu proviene de la soja, digamos que podría ser como un queso fresco consistente, que en sí mismo no tiene mucho sabor. Pero tiene la ventaja de que adquiere el sabor del alimento que el que lo acompañemos. Por eso, para darle sabor yo lo suelo marinar, y en esta ocasión con salsa de soja. Os dejo el vídeo de la receta aquí abajo.

Yo lo hago para toda la familia, ya que está riquísimo y los peques lo pueden comer desde los 6 meses sin problema. Es una fuente rica en proteínas por lo que no es necesario acompañarlo con ninguna proteína más, pero sí con alguna verdura para hacer un plato completo.

Como véis es un alimento completo y nos saca un poco de la rutina, además es atractivo para los peques, que a su vez es sano (recordad que no lo hemos frito, no os paséis con el aceite!). Es un plato vegetariano aunque no vegano, ya que hemos utilizado huevo, pero seguro que se puede sustituir.

receta Tofu empanado

Espero que os haya gustado, y que si os animáis a probarlo me contéis qué os ha parecido. Igualmente será bienvenida toda ayuda y si me ayudáis a compartirlo con gente a la que creáis que le puede interesar, eso me animará a seguir haciendo vídeos de este tipo.

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Un abrazo!